Espacio público como el que se ofrecía en el Templo de Jerusalén a cuantos quisieran conocer el mensaje del Pueblo escogido: el diálogo y la acogida eran los elementos esenciales de ese espacio, y el sentido de pertenencia a posiciones distintas aunque no antagónicas. Esta vez es el espíritu cristiano el que inagura este espacio virtual para concretar su permanente dispocisión al diálogo y a la unidad. De todos depende el que sea grato y eficaz.
sábado, 1 de septiembre de 2012
martes, 10 de julio de 2012
Desde la alta ciencia a la fe
El científico que lideró el equipo que descubrió el genoma humano ha publicado un libro en el que explica por qué ahora cree en la existencia de Dios y está convencido de que los milagros existen. Francis Collins, director del Instituto Nacional Estadounidense de Investigación del Genoma Humano reivindica que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre "más cerca de Dios".
Su libro, "El lenguaje de Dios", reabre el antiguo debate sobre la relación entre ciencia y fe. "Una de las grandes tragedias de nuestro tiempo es esta impresión que ha sido creada de que la Ciencia y la Religión tienen que estar en guerra", lamenta Collins, de 56 años.
Para Collins, aclarar el genoma humano no creó un conflicto en su mente. En su lugar, le permitió "vislumbrar el trabajo de Dios". "Cuando das un gran paso adelante es un momento de regocijo científico porque tú has estado en esta búsqueda y parece que lo has encontrado", explica. “Pero es también un momento donde, al menos, siento cercanía con el Creador en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí sabía desde siempre."
"Cuando has tenido por primera vez delante de ti estos 3.1 billones de letras del "libro de instrucciones" que transmite todo tipo de información y todo tipo de misterios acerca de la humanidad, eres incapaz de contemplarlo página tras página sin sentirte sobrecogido. No puedo ayudar, sino admirar estas páginas y tener una vaga sensación de que eso me está proporcionando una visión de la mente de Dios", reconoce.
Collins se une así a una línea de científicos cuyos descubrimientos han contribuido a reafirmar su fe en Dios. Isaac Newton, cuyo descubrimiento de las leyes de la gravedad "reorganizó" nuestra manera de entender el universo, fue uno de ellos. Newton aseguró que "el sistema más bello sólo podría proceder del dominio de un ser inteligente y poderoso". Otro de ellos fue Einstein, que revolucionó nuestro entendimiento del tiempo, de la gravedad y de la conversión de la materia en energía. Einstein creía que el universo tenía un Creador: "Quiero saber cómo creó Dios el universo, quiero conocer Sus pensamientos; el resto son detalles", escribió.
Collins fue ateo hasta los 27 años, cuando como un joven doctor, quedó impresionado por la fortaleza que la fe daba muchos de sus pacientes más críticos. "Tenían terribles enfermedades de las que con toda probabilidad no iban a escapar, y todavía, en lugar de quejarse a Dios, parecían apoyarse en su fe como una fuente de consuelo", explica. “Fue interesante, extraño e inquietante”.Por eso decidió visitar una Iglesia metodista y le dieron una copia del libro de C. S. Lewis "Mere Christianity", que argumenta que Dios es una posibilidad racional. El libro transformó su vida. "Era un argumento que no estaba preparado para oír", dijo. "Estaba muy feliz con la idea de que Dios no existía y de que no tenía interés en mí. Y todavía al mismo tiempo, no podía alejarme".
Collins cree que la Ciencia no puede ser usada para refutar la existencia de Dios porque está confinada a su mundo "natural". Bajo esta luz, el director del Instituto Nacional Estadounidense de Investigación del Genoma Humano cree que los milagros son una "posibilidad real". Tomado de Catholic.net 9 de junio de 2012
Su libro, "El lenguaje de Dios", reabre el antiguo debate sobre la relación entre ciencia y fe. "Una de las grandes tragedias de nuestro tiempo es esta impresión que ha sido creada de que la Ciencia y la Religión tienen que estar en guerra", lamenta Collins, de 56 años.
Para Collins, aclarar el genoma humano no creó un conflicto en su mente. En su lugar, le permitió "vislumbrar el trabajo de Dios". "Cuando das un gran paso adelante es un momento de regocijo científico porque tú has estado en esta búsqueda y parece que lo has encontrado", explica. “Pero es también un momento donde, al menos, siento cercanía con el Creador en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí sabía desde siempre."
"Cuando has tenido por primera vez delante de ti estos 3.1 billones de letras del "libro de instrucciones" que transmite todo tipo de información y todo tipo de misterios acerca de la humanidad, eres incapaz de contemplarlo página tras página sin sentirte sobrecogido. No puedo ayudar, sino admirar estas páginas y tener una vaga sensación de que eso me está proporcionando una visión de la mente de Dios", reconoce.
Collins se une así a una línea de científicos cuyos descubrimientos han contribuido a reafirmar su fe en Dios. Isaac Newton, cuyo descubrimiento de las leyes de la gravedad "reorganizó" nuestra manera de entender el universo, fue uno de ellos. Newton aseguró que "el sistema más bello sólo podría proceder del dominio de un ser inteligente y poderoso". Otro de ellos fue Einstein, que revolucionó nuestro entendimiento del tiempo, de la gravedad y de la conversión de la materia en energía. Einstein creía que el universo tenía un Creador: "Quiero saber cómo creó Dios el universo, quiero conocer Sus pensamientos; el resto son detalles", escribió.
Collins fue ateo hasta los 27 años, cuando como un joven doctor, quedó impresionado por la fortaleza que la fe daba muchos de sus pacientes más críticos. "Tenían terribles enfermedades de las que con toda probabilidad no iban a escapar, y todavía, en lugar de quejarse a Dios, parecían apoyarse en su fe como una fuente de consuelo", explica. “Fue interesante, extraño e inquietante”.Por eso decidió visitar una Iglesia metodista y le dieron una copia del libro de C. S. Lewis "Mere Christianity", que argumenta que Dios es una posibilidad racional. El libro transformó su vida. "Era un argumento que no estaba preparado para oír", dijo. "Estaba muy feliz con la idea de que Dios no existía y de que no tenía interés en mí. Y todavía al mismo tiempo, no podía alejarme".
Collins cree que la Ciencia no puede ser usada para refutar la existencia de Dios porque está confinada a su mundo "natural". Bajo esta luz, el director del Instituto Nacional Estadounidense de Investigación del Genoma Humano cree que los milagros son una "posibilidad real". Tomado de Catholic.net 9 de junio de 2012
Cómo sugerir lecturas a no creyentes
Jennifer Fulwiler era una joven atea norteamericana, bloguera y apasionada de Internet, que decidió dedicar un tiempo a explorar la fe cristiana. Lo que inició todo el proceso fue comprobar que su marido era, sorprendentemente, inteligente y creyente en Dios (aunque bastante anticatólico en esa época). Jennifer abrió un blog en 2005 para debatir temas de fe y también temas ligados al aborto, el derecho a la vida y la familia, que le interpelaban. Al final, en 2007, con 33 años, ambos esposos aceptaron la fe católica. Hoy tienen cinco hijos. Explica su historia de conversión en su web ConversionDiary.
El camino de Jennifer fue, sobre todo, intelectual. Además de Internet,ella misma explica qué libros le ayudaron a aceptar que la fe era razonable y, más aún, que era verdadera.
The case for Christ, del ex-ateo Lee Strobel fue el libro que desde julio de 2005 le hizo centrarse en un tema: Cristo y los cristianos, frente a otras posibilidades religiosas. A continuación leyó "Mero Cristianismo" (cuya influencia en el siglo XX y XXI analizamos aquí). Centrándose en el catolicismo, leyó "By what authority?", del ex-protestante y divulgador Mark Shea. Amplió información en "Catholicism for Dummies" (en el popular formato de "libros explicados para que cualquiera lo entienda"). Después abordó el material oficial: ¡el Catecismo de la Iglesia Católica! Lo combinaba con "Making senses out of Scripture", un libro de Mark Shea sobre cómo entender la Biblia. A continuación: ¡sexo católico! Más en concreto, el libro de Christopher West que explica la teología del cuerpo de Juan Pablo II y sus bases bíblicas y antropológicas de forma amena y apasionada: "The good news about sex and marriage". Y ya creyendo en Dios, "El Hombre Eterno", de G.K. Chesterton le hizo gritar: "sí, exacto".
Edith Stein o Ignacio de Loyola
Que los libros son útiles para encauzar una conversión no es cosa que se dude. La filósofa agnóstica Edith Stein cambió cuando leyó un libro de Santa Teresa de Ávila en casa de unos amigos: llegaría a ser Santa Teresa Benedicta de la Cruz. El mismo San Ignacio convalecía de una herida de guerra cuando leyó, al principio con desgana, la Vida de San Onofre, en unas vidas de santos que le dejaban sus cuidadoras diciéndole que "no hay nada más para leer, no tenemos novelas de caballerías". Así surgirían los jesuitas. Los casos de libros influyentes en la fe son incontables.
Mucha gente escribe a Jennifer preguntando qué libros deberían comprar para regalar a sus seres queridos que no han tenido la experiencia de tratar con Cristo.
Pero Jennifer plantea que deberíamos plantearnos más bien cómo hacer llegar libros a esas personas. Y con realismo señala un primer punto: igual que no aceptas consejos ni libros sobre dietas si antes no te has empezado a cuestionar tu dieta o tu peso, hay que tener una mínima inquietud, una apertura al tema, para recibir información sobre Dios y Cristo...
Por eso, Jennifer da 5 cinco consejos:
A menudo, es más útil para el evangelizador simplemente hacer preguntas y escuchar a la persona, que darle respuestas que aún no puede apreciar. "Si te dicen algo con lo que no estás de acuerdo, en vez de decirle que se equivoca, pregúntales cómo llegaron a esa conclusión. Cuanto mejor entiendas cómo tus seres queridos han llegado a su creencia actual, mejor equipado estás para saber qué libros les serán de ayuda".
2) Encuentra autores que utilicen su lenguaje
Un ateo bohemio y pintor es distinto a un ateo biólogo molecular. El temperamento de las personas es muy distinto y requiere libros distintos, testimonios o argumentos o autores diversos. Lo que mejor es que el libro utilice un lenguaje similar al que la persona suele utilizar.
3) No le compres el libro: anímale a conseguirlo
"Todos tenemos vidas muy ajetreadas y los libros regalados, especialmente cuando quien los da está ansioso por hacértelo leer, nos hacen sentir como si nos hubieran endosado otra tarea más por hacer. Además, una regla de marketing bien conocida es que la gente aprecia más aquello que le ha costado algo. Así que recomiendo animar a tus amigos o parientes a conseguir ellos mismos el libro, comprándolo o pidiéndolo en la librería. Quizá, en el proceso, se anima a adquirir más". Eso no significa que nunca haya que prestar libros, pero no es lo ideal.
4) Espera hasta que llegue el momento de hacer llegar el libro
No suele ser buena idea, en el calor de un debate, entregar un libro gritando: "mira, lee esto y verás lo equivocado que estás". No hay que entregar libros movidos por la impaciencia, el orgullo del tertuliano u otros motivos inadecuados. La paciencia y la suave sugerencia del Espíritu Santo son guías más adecuadas. ¡Hay que saber esperar!
Al fin y al cabo, la conversión siempre es una obra del Espíritu Santo por caminos que Él conoce. "No importa cómo compartamos nuestra fe -recomendando libros, contando nuestro testimonio o siendo imagen de Cristo en nuestra vida diaria- siempre deberíamos empezar y acabar con una oración".
Tomado de Religión en Libertad.com Martes 10 de julio de 2012
sábado, 30 de junio de 2012
No me resisto a compartir este inteligente comentario de Pablo Cabellos.
EL PROBLEMA DE DIOS Y LA CREACIÓN (I)
José Ramón Ayllón, hablando del libro Dios y la ciencia de J. Guitton, se pregunta: ¿Por qué hay algo en lugar de la nada? ¿Por qué apareció el universo? Ninguna ley física observable permite responder a esos interrogantes. Parece ser que, hace quince mil millones de años, todo lo que contiene el universo –planetas, soles y miles de millones de galaxias– estaba concentrado en una
Aunque el problema es el hombre, la primera acepción de la citada palabra en el diccionario de la RAE es ésta: “Cuestión que se trata de aclarar”. En este sentido, me parece que es lícito hablar del problema de Dios: para los creyentes como una necesidad de conocimiento que se traduce en un estilo de vida; para los no creyentes como una exigencia de búsqueda honrada. No basta vivir tontamente contando con que existe, pero como si no existiera; ni me parece razonable no hacerse algunas preguntas capitales a lo largo de nuestra biografía para que ésta no corra el riesgo de ser liviana, superficial o sin sentido.
problema del mal: ¿Cómo le ha salido a Dios esta parte del universo en la que, con el hombre, habita el cáncer, la miseria, las guerras, los genocidios y tantos otros dolores?
Unas palabras sobre el primer tema y dejo el segundo para otro día.José Ramón Ayllón, hablando del libro Dios y la ciencia de J. Guitton, se pregunta: ¿Por qué hay algo en lugar de la nada? ¿Por qué apareció el universo? Ninguna ley física observable permite responder a esos interrogantes. Parece ser que, hace quince mil millones de años, todo lo que contiene el universo –planetas, soles y miles de millones de galaxias– estaba concentrado en una
Chesterton afirma: “si alguien me pregunta, desde el punto de vista exclusivamente intelectual, por qué creo en el cristianismo, sólo puedo contestarle que creo en él racionalmente, obligado por la evidencia”. Agustín de Hipona dice que la fe es un acto de la inteligencia: “el acto de fe no es otra cosa que pensar con el asentimiento de la voluntad”. Ernesto Sábato habla, sin embargo de “un Dios en cuya fe nunca me he podido mantener del todo, ya que me considero un espíritu religioso, pero a la vez lleno de contradicciones. Freud – otro hombre lleno de inquietudes y paradojas – se refería a las religiones como “delirios psíquicos”, como doctrinas que “llevan el sello de las épocas en que nacieron, la infancia de la humanidad todavía ignorante”.
La historia de la humanidad – como diría José Ramón Ayllón – está llena de náufragos, gentes que navegan en el océano de la existencia: unos a la deriva, y otros que han avistado a Dios. El tema es todo un desafío para la inteligencia porque si Dios existe, la vida no puede ser igual que si no existe: ni la legislación , ni las costumbres, ni la educación, ni el trato entre unos y otros. La famosa frase de Dostoievski – “si Dios no existe, todo está permitido “ – es una buena parte de la realidad de ese mundo que se proclama laicista con el fin de ser teóricamente el espacio vital para todos. ¿Y si nos equivocamos? Dimitri Karamazov es presentado por el novelista ruso como un hombre culto que aprecia las conquistas de la ciencia, pero su creador pone en su boca estas palabras: “¡Qué grande es la ciencia que lo explica todo! Sin embargo, echo de menos a Dios”.
Uno de los puntos de reflexión y encuentro con Dios es el universo mismo, del que habitamos una mínima parte. A mi modo de ver, hay dos motivos principales, que apartan de la aceptación de un Dios creador del mundo: la creencia ciega en el evolucionismo difundido por Darwin, sin contar con una inteligencia superior que dirigiera esa evolución y selección de las especies, sería la primera de las causas. La segunda – no menos ardua – es el pequeñez inimaginable, apenas una chispa en el vacío, dice Ayllón. No sabemos de dónde procede ese microatomo, por llamarlo de algún modo, esa partícula que daría lugar al inmenso cosmos hoy existente. Y toda esa realidad descansa en un pequeño número de constantes cosmológicas, de la que una pequeña modificación de cualquiera de ellas habría impedido la aparición del universo que conocemos.
Pablo Cabellos Llorente
Pero bastaría ceñirnos a nuestro planeta y todo su contenido, incluyendo al hombre. ¿Sería posible que esa grandiosa complejidad fuera fruto del azar? J. Bogdaman explica la programación de computadoras “para producir azar”. Pues bien, sería necesario un tiempo casi infinito para que pudiera aparecer una combinación de números comparable a la que ha permitido la eclosión del universo y de la vida. A ello habría que añadir que en el origen del universo no hay azar sino un orden y una sincronización superior a lo imaginable. En cuanto a la formación de una sola célula viva por azar –sin entrar en detalles técnicos que en buena parte se me escapan-, la probabilidad en miles de millones de años es prácticamente nula ¿Qué decir de un animal, de una planta, del hombre?
¿No es necesario creer en una Inteligencia superior autora de aquel micro-átomo y dadora de leyes precisas que hayan hecho posible lo que vemos?
Cuando C.S. Lewis aceptó desde su ateísmo la existencia de un Dios creador –y más tarde de la fe cristiana-, concluyó que este Ser pedía rendición y obediencia, pero no la de un duro amo sino la de un forjador de felicidad, de la que en su obra “El problema del dolor”, escribe: “Dios no puede darnos felicidad y paz fuera de sí mismo porque no las hay. No hay tales cosas”.
jueves, 3 de mayo de 2012
Ciencia y Fe en la Universidad
No me resisto a transmitir, por su trascendencia y significado, las palabras de Benedicto XVI ayer, en el Gemelli, celebrando los cincuenta años de esa institución universitaria:
“La nuestra -dijo el Papa- es una época en la que las ciencias experimentales han transformado la visión del mundo y la capacidad de comprenderse a sí mismo del ser humano. Los múltiples descubrimientos y las tecnologías innovadoras (...) son razón, con motivo, de orgullo; sin embargo, a menudo, no están exentos de inquietantes resultados”.
“Aquella que fue la fecunda raíz europea de cultura y progreso parece olvidada. En ella, la búsqueda del absoluto -el 'quaerere Deum'- abarcaba la necesidad de profundizar las ciencias profanas, el entero mundo del saber. Efectivamente, la búsqueda científica y la exigencia de sentido, aún en su fisionomía epistemológica y metodológica específicas, brotan de una fuente única, ese 'Logos' que preside la obra de la creación y guía la inteligencia de la historia. Una mentalidad fundamentalmente técnica y práctica engendra un peligroso desequilibrio entre lo que es técnicamente posible y lo que es moralmente bueno, con consecuencias imprevistas”.
Por eso, continuó Benedicto XVI, es importante que “la cultura descubra de nuevo el vigor del significado y el dinamismo de la trascendencia; en pocas palabras, que abra con decisión el horizonte del 'quaerere Deum' (...) Ciencia y fe poseen una reciprocidad fecunda, casi una exigencia complementaria para entender lo real (...) El cristianismo, como religión del 'Logos' , no relega la fe al ámbito irracional, sino que atribuye el origen y el sentido de la realidad a la Razón creadora, que en el Dios crucificado se manifestó como amor y que invita a recorrer el camino del 'quarere Deum': 'Yo soy el camino, la verdad y la vida'”.
“Cuando el ser humano sigue el sendero de la fe y se encuentra con el sufrimiento y la muerte en medio de la existencia, es capaz de vislumbrar una posibilidad auténtica de bien y de vida (…) El cuidado de los que sufren es, entonces, encuentro cotidiano con el rostro de Cristo, y la dedicación de la inteligencia y el corazón se impregna de la misericordia de Dios y recuerda su victoria sobre la muerte”.
“Vivida en su integridad -subrayó el Papa-, la búsqueda se ilumina con la ciencia y la fe y, estas dos 'alas' la levantan e impulsan, sin perder nunca por ello ni la humildad, ni el sentido del propio límite. De esa forma, la búsqueda de Dios se hace fecunda para la inteligencia, es fermento de cultura, promotora del verdadero humanismo, búsqueda que no se detiene en la superficie (…) Se inserta aquí la tarea insustituible de la Universidad Católica, un lugar donde la relación educacional está al servicio de la persona en la construcción de la competencia científica, enraizada en un patrimonio de saberes que a lo largo de las generaciones se ha convertido en sabiduría de vida; lugar en que la relación de cura no es un oficio, sino una misión”.
“La Universidad Católica, que tiene con la sede de Pedro una relación especial, hoy está llamada a ser una institución ejemplar que no limita el aprendizaje a la funcionalidad de un provecho económico, sino que se expande en proyectos en los cuales la inteligencia investiga y desarrolla los dones del mundo creado, superando una visión solo productiva y utilitaria de la existencia porque 'el ser humano está hecho para el don, que expresa y actúa la dimensión de trascendencia'”, concluyó el Papa, asegurando a los pacientes del Gemelli sus “oraciones y afecto”.
Agradeceré sus comentarios.
“La nuestra -dijo el Papa- es una época en la que las ciencias experimentales han transformado la visión del mundo y la capacidad de comprenderse a sí mismo del ser humano. Los múltiples descubrimientos y las tecnologías innovadoras (...) son razón, con motivo, de orgullo; sin embargo, a menudo, no están exentos de inquietantes resultados”.
“Aquella que fue la fecunda raíz europea de cultura y progreso parece olvidada. En ella, la búsqueda del absoluto -el 'quaerere Deum'- abarcaba la necesidad de profundizar las ciencias profanas, el entero mundo del saber. Efectivamente, la búsqueda científica y la exigencia de sentido, aún en su fisionomía epistemológica y metodológica específicas, brotan de una fuente única, ese 'Logos' que preside la obra de la creación y guía la inteligencia de la historia. Una mentalidad fundamentalmente técnica y práctica engendra un peligroso desequilibrio entre lo que es técnicamente posible y lo que es moralmente bueno, con consecuencias imprevistas”.
Por eso, continuó Benedicto XVI, es importante que “la cultura descubra de nuevo el vigor del significado y el dinamismo de la trascendencia; en pocas palabras, que abra con decisión el horizonte del 'quaerere Deum' (...) Ciencia y fe poseen una reciprocidad fecunda, casi una exigencia complementaria para entender lo real (...) El cristianismo, como religión del 'Logos' , no relega la fe al ámbito irracional, sino que atribuye el origen y el sentido de la realidad a la Razón creadora, que en el Dios crucificado se manifestó como amor y que invita a recorrer el camino del 'quarere Deum': 'Yo soy el camino, la verdad y la vida'”.
“Cuando el ser humano sigue el sendero de la fe y se encuentra con el sufrimiento y la muerte en medio de la existencia, es capaz de vislumbrar una posibilidad auténtica de bien y de vida (…) El cuidado de los que sufren es, entonces, encuentro cotidiano con el rostro de Cristo, y la dedicación de la inteligencia y el corazón se impregna de la misericordia de Dios y recuerda su victoria sobre la muerte”.
“Vivida en su integridad -subrayó el Papa-, la búsqueda se ilumina con la ciencia y la fe y, estas dos 'alas' la levantan e impulsan, sin perder nunca por ello ni la humildad, ni el sentido del propio límite. De esa forma, la búsqueda de Dios se hace fecunda para la inteligencia, es fermento de cultura, promotora del verdadero humanismo, búsqueda que no se detiene en la superficie (…) Se inserta aquí la tarea insustituible de la Universidad Católica, un lugar donde la relación educacional está al servicio de la persona en la construcción de la competencia científica, enraizada en un patrimonio de saberes que a lo largo de las generaciones se ha convertido en sabiduría de vida; lugar en que la relación de cura no es un oficio, sino una misión”.
“La Universidad Católica, que tiene con la sede de Pedro una relación especial, hoy está llamada a ser una institución ejemplar que no limita el aprendizaje a la funcionalidad de un provecho económico, sino que se expande en proyectos en los cuales la inteligencia investiga y desarrolla los dones del mundo creado, superando una visión solo productiva y utilitaria de la existencia porque 'el ser humano está hecho para el don, que expresa y actúa la dimensión de trascendencia'”, concluyó el Papa, asegurando a los pacientes del Gemelli sus “oraciones y afecto”.
Agradeceré sus comentarios.
sábado, 7 de abril de 2012
El pecado esencial
"La actitud de Adán había sido: No lo que tú has querido, Dios; quiero ser dios yo mismo. Esta soberbia es la verdadera esencia del pecado. Pensamos ser libres y verdaderamente nosotros mismos sólo si seguimos exclusivamente nuestra voluntad. Dios aparece como el antagonista de nuestra libertad. Debemos liberarnos de él, pensamos nosotros; sólo así seremos libres. Esta es la rebelión fundamental que atraviesa la historia, y la mentira de fondo que desnaturaliza la vida". Benedicto XVI en su homilía de Viernes Santo 2012
lunes, 27 de febrero de 2012
Ser y filiación
Lo
primero en la persona humana no es dar amor, sino aceptarlo; en este caso, aceptarse como amante; aceptar el
amor que uno es; aceptar ese don. El dar es segundo tras haberse
aceptado. En el fondo se trata de aceptarse
como la persona que se es. Si uno se acepta, acepta ser hijo, porque
el don que como persona se es se le ha otorgado de modo personal. Persona y
amor son equivalentes. Reconocerse como hijo equivale a no querer personalmente
dejar de serlo nunca, a no dejar de amar. Si el don es perpetuo, uno no debe dejar de ser hijo jamás, a menos que quiera
dejar de ser persona.
(Tomado de Sallés: Antropología para inconformes)
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