domingo, 7 de febrero de 2021

El triunfo de la cruz

 "La crisis de nuestro tiempo depende principalmente del hecho de que se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es. Un hombre que sea privado de toda fatiga y transportado a la tierra prometida de sus sueños, pierde su autenticidad y su mismidad. El realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos del mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre"


Joseph Ratzinger: Por qué permanezco en la Iglesia, p. 615

lunes, 1 de febrero de 2021

Fe y Futuro

 

            El siguiente es un texto de Joseph Ratzinger acerca del anclaje de la fe como disposición de la                inteligencia y la filosofía como disciplina común del pensamiento. En el actual panorama de la              


cultura parece que cada vez menos se facilita pensar la fe, necesidad de una antropología                        cristiana, para la cual la libertad es un imperativo para una visión de fe.

 

“El dilema en que hoy se encuentra la fe cristiana tiene múltiples motivos. Pero uno de los más importantes consiste en que la fe se encuentra abandonada por la filosofía y por eso se ve repentinamente, por así decirlo, colgada en el vacío. En la antigüedad y en la edad media la fe se facilitaba al hombre porque la filosofía le ofrecía una imagen del mundo en que esta fe podía ocupar su puesto con todo sentido. Incluso en la incipiente edad moderna la filosofía creó una especie de campo de tránsito entre las ciencias exactas, en las que, por método, Dios ha de ser puesto entre paréntesis, y el auténtico ámbito de la fe. A pesar de determinadas diferencias, había aún un material básico para una metafísica común, casi universalmente reconocida, que hablaba de Dios como creador de todas las cosas, como el fundamento intelectual y planificador del universo y así aseguraba en el pensamiento una base adecuada a la concepción de un Dios que habla y se revela.

            A partir de Kant esta nueva unidad del pensamiento filosofante se ha resquebrajado cada vez más, y, antes que nada, ha desaparecido casi totalmente la confiada certeza de que el hombre pudiese, de una forma fundadamente convincente, tantear tras los dominios de la física en busca del ser de las cosas y de su fundamento. Naturalmente, hubo y hay siempre, antes como ahora, pensadores que consideran posible tal metafísica, que frente a Kant y sus sucesores, quieren garantizarle un espacio en la conciencia humana. Pero hay algo que incluso estos pensadores no pueden ya anular: sus puntos de vista ya no son sencillamente “la filosofía” que todo el mundo acepta como tal, y que se puede presuponer por tanto para todo lo ulterior; de hecho, su pensamiento ofrece una filosofía junto a otras filosofías, y esto la desvaloriza considerablemente para quien busca ahí su apoyo. Incluso donde se prosigue la metafísica, no se puede restablecer la situación de otro tiempo. Ya no se da una filosofía sino sólo filosofías. Y así, la aceptación de una sola filosofía ya no es un consentimiento que sea posesión general del espíritu humano, sino que es una opción; opción que se puede fundamentar, pero que toma posición frente a otras situaciones igualmente fundables. Por tanto, la fe ya no puede anclarse fija y seguramente en ninguna parte dentro del ámbito del pensamiento humano; si hace tal intento, se agarra al vacío”. Joseph Ratzinger, Fe y futuro, p. 506

miércoles, 17 de junio de 2020

Lo que dice la Academia II

Opinión de un académico. La Academia siempre da luces.


"El proyecto de la ideología de género consistiría en último término, en realizar una reingeniería social para modificar la naturaleza humana, estableciendo un totalitarismo de control total de la sociedad; en ese sentido es más ambicioso que el nazismo y el comunismo. La estrategia consiste que los grupos activistas liderados por la Onu y sus organismos, amparados bajo un gran poder económico y mediático, movilizan grupos sociales (como por ejemplo los movimientos feministas y homosexuales) con fines políticos para tomar organismos claves del poder estatal, para desde allí llevar a cabo una reingeniería social, por ejemplo, en Educación se impone el currículo de género), en el Poder Judicial se promulgan leyes absurdamente jurídicas como los delitos de odio, delito de feminicidio, matrimonio igualitario, el aborto como un derecho etc., en la Academia fomentar el lenguaje inclusivo, en Salud establece el aborto como una política de salud reproductiva), etc.

Por otro lado, si el enfoque o perspectiva de género es efectivamente una ideología política, ¿qué hacemos entonces con todos los “departamentos”, “oficinas”, “cátedras”, “programas”, “talleres”, “seminarios”, “congresos”, “licenciaturas y posgrados”, “ministerios”, etc. que se crean con el cuento del género”? En suma, ¿Qué hacemos con la inmensa burocracia que se ha creado en torno al enfoque de género? Pues nada; entonces se produce un círculo vicioso: los activistas de género necesitan de la burocracia para realizar su proyecto de reingeniería social, y, por otro lado, la burocracia necesita del proyecto de género para seguir viviendo parasitariamente de los impuestos de los ciudadanos.

Lo cierto, es que la ideología de género no ha traído liberación en los países donde se viene aplicando desde hace 15 años, sino prohibición, violencia familiar, burocracia estatal, perdida de la libertad de conciencia, porque el estado pretenderá regular cómo pensar y cómo no pensar, cómo hablar y cómo no hablar. (EMH)".

Dejo al lector la decisión de adscribir o no a la posición del académico.

miércoles, 27 de mayo de 2020

La Pietá




“Me gustaría invitaros a acompañarme en una visita espiritual al fondo de la basílica romana de San Pedro. Acerquémonos a la hermosa imagen de la Pietá de Miguel Ángel. Contemplemos a esa madre que sostiene en sus brazos el cuerpo de su hijo torturado, humillado, cubierto de escupitajos y con las huellas de los latigazos. Tiene las manos traspasadas y la frente desgarrada por la corona de espinas. Y, aun así, la madre sujeta el cuerpo de su hijo con enorme dulzura y una delicadeza infinita. Su rostro de joven madre habla a la vez de recogimiento, de dolor y de serenidad. Llora sin comprender a ese hijo tan hermoso y a la vez tan ultrajado, a ese hijo que es su Dios. Sepamos reconocer, como María, el rostro de Cristo detrás del rostro manchado de la Iglesia. Ni nuestros pecados, ni nuestras traiciones, ni nuestra tibieza, ni nuestras infidelidades podrán desfigurar a la Iglesia, que sigue siendo hermosa, con la hermosura de los santos. Sigue siendo joven, con la juventud de Dios. Sepamos amar a la Iglesia, posar sobre ella la mirada de fe que posó María sobre Jesús, muerto, entre sus brazos. Sepamos llorar por la Iglesia, sepamos sufrir por la Iglesia si es necesario, pero tratémosla siempre con la delicadeza llena de amor y plenamente mariana que tan bien refleja el mármol de Miguel Ángel” (Se hace tarde y anoche, Card. Sarah, pp. 85-86)

lunes, 6 de enero de 2020

Renovar la intención

No es posible prometer perseverancia a los objetivos culturales que nos trazamos.  A lo sumo, se puede intentar vivirla. Tres años casi sin venir a este Patio. A pesar e su interés; a pesar de su cercanía; a pesar de mi propósito. Pero aquí estoy. Reconociendo que aunque no me espera nadie, sucede los mismo con los actores, los titiriteros, los saltimbanquis...todos aquellos que, en general, pretenden animar la vida del espíritu propiciando diálogos de diversa naturaleza, invitando a la comunicación. No se nos espera pero se nos acoge con interés. Y si tenemos suerte, hasta se nos aplaude. No siendo eso lo que buscamos, sentimos que es una primera manifestación de complicidad. Después vendrán los cambios de opinión, los debates, los distanciamientos o acercamientos. La vida del espíritu en su versión más genuina... Este Patio está concebido para pensar y hacer pensar. Necesitamos encontrarnos más que con ideas a debatir, con deseos de aprender.

viernes, 31 de marzo de 2017

Por encima de sus miserias




Hablar o pensar en la Iglesia Católica requiere una posición. Un mismo objeto puede ser observado de diferentes ángulos, sin dejar de ser lo que es. En el orden intelectual propiamente dicho sucede otro tanto. Los objetos muestran ante la inteligencia que los observa dimensiones diversas. Al mismo tiempo, el sujeto que los observa pone también su cuota de subjetividad y hasta puede transformar el objeto en algo muy distinto de lo que es en la realidad.
Por eso, hablar de la Iglesia Católica supone recordar unos supuestos básicos para tenerlos en cuenta al referirse a la Iglesia-objeto de observación. En primer lugar, se trata de una realidad sobrenatural, es decir que no es una mera institución natural creada u organizada por unos hombres con unos fines intramundanos. Es -se presenta de este modo a sí misma- una institución de origen divino (su Fundador es Dios en persona) y con unos fines que concluyen en la intemporalidad: santidad, unidad, universalidad, jerarquización. Acogerse a este principio supone tener fe.
En segundo lugar y de acuerdo a ese primer  principio, los miembros que la componen en cada época histórica no la representan en sentido estricto ya que aún no realizan en su vida personal esos fines de modo pleno (y  a veces ni siquiera los buscan): son individuos llenos de imperfecciones humanas (tanto y a veces más de los que no pertenecen a ella); dados al ordinario deporte del egoísmo y por tanto, de la pendencia -violenta o no-, la búsqueda de diferencias y divisiones entre sí; la singularización e incluso la tendencia al chauvinismo más rastrero; y por supuesto, la negación del principio de autoridad. Unos sujetos de esta ralea, ¿cómo pretender que representen un colectivo que desea ir en busca de la santidad, la unidad, la universalidad y el sentido de jerarquía?
Los hechos de la Historia han ido demostrando permanentemente lo contrario: esos individuos han solido representarse a sí mismos. Desde el más encumbrado hasta el más inferior (porque desde una perspectiva exclusivamente organizacional, en la Iglesia hay altos y bajos) han actuado contradiciendo los principios a los que han adherido desde el hecho inicial de su Bautismo. Los hay ladrones, perjuros, coimeros, lujuriosos, encizañadores, irresponsables, etc.
Bueno es reconocer que algunos se portan a  lo largo de toda su existencia de tal manera que no cabe otra cosa que singularizarlos y ponerlos de ejemplo para los demás. Al estudiar esas vidas caemos en la cuenta, sin embargo que por propia confesión casi nada de lo bueno que puede achacárseles ha sido enteramente suyo. Si no fuera por la acción de Dios en sus vidas, habrían quedado tan mal parados como el resto. Son los santos canonizados. Alguno a lo largo de la historia se coló e incluso ni siquiera existió; pero la casi totalidad son verificables. Un auténtico misterio si consideramos la situación de la mayoría de los que se dicen miembros de la Iglesia. Aceptar este segundo principio supone un realismo a prueba de fuego.
Con esas dos premisas es posible distinguir entre la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica; y la casi totalidad de sus miembros que no parecen dispuestos a buscar poner en acto estas realidades en sus vidas.
¿Se extraña usted de que el político que es bien poco claro en sus ideas y en su conducta personal diga que es católico? ¿Le escandaliza que sus vecinos tengan la costumbre de ir a Misa los domingos y en cada casa del vecindario haya un verdadero caos: insultos, rebeldías de los hijos, deserciones de los padres, mañas de todo tipo? Sin irse por la tangente invocando sucesos históricos que no ha vivido, ¿señala a personajes vivos -miembros conspicuos de la Iglesia- como corruptos,  miserables, etc.?
Me parece que aún no está usted preparado para conocer realidades de fe que, aquí en la tierra, tienen naturalmente una base humana endeble. Pero, ¿qué se creía, que aquí en la tierra viven ángeles? Si acaso, hombres que tomándose en serio las convicciones a las que han adscrito, se esfuerzan por no desmerecer. Pero nada más. Es la Gracia de Dios la que hace lo suyo. Sin esa fuerza que Dios imprime a los que desean hacer el Bien (no cualquier bien, sino la santidad), el hombre no es capaz de sobresalir.

Ahora bien; justo es reconocer que la mirada subjetiva también pone lo suyo: solo al final sabremos toda la verdad. Mientras tanto, todos estamos tentados a juzgar como mezquino lo que no nos satisface plenamente; como malo lo que es contrario  a nuestros intereses; como enemigo al que no se pone a nuestro lado. Por eso, al hablar -o pensar- en la Iglesia Católica recuerde primero que debe preguntarse: ¿puedo yo tener una mirada de fe sobre la realidad?; ¿puedo esforzarme en ser objetivo y realista evitando juicios precipitados? No es fácil pasar la valla.
En todo caso, este ha sido un ejercicio de sentido común a fin de poner en su sitio determinados planteamientos que están muy lejos de esa objetividad y por supuesto, de esa mirada de fe con la que la Iglesia debe ser vista.
Queda claro que la misma Iglesia en cada época histórica hace el esfuerzo por verse a sí misma con humildad a fin de tener una visión de sí misma que esté por encima de sus miserias. Sólo Dios es Santo y santifica. La Iglesia Católica ha recibido los medios con los que pelearla: sacramentos, vida moral de seguimiento de Cristo, humildad para entregar a los hombres cosas santas, una doctrina intelectual y moral;  que no son de la propia hechura porque son de Dios, y que por eso mismo hay que defender y anunciar aunque a veces lo hagamos con todos los “recursos” de nuestra ineficacia.


jueves, 30 de junio de 2016

Con sabor de dos milenios

Acabamos de recordar a los que iniciaron la gesta. Gente como nosotros. También como nosotros, deseosa de vivir. Pero más deseosa aún de continuarse. Entendían que trascenderse no tiene nada que ver con la propia gloria sino con el bienestar general de la humanidad. Bienestar.
Al recordar a los primeros mártires de la iglesia de Roma hemos ido con la imaginación al Coliseo. Hemos escuchado el rugido, no de la fieras sino de las gentes que pedían su muerte. Hemos contemplado su serenidad incomprensible. Como en las últimas fotografías de las masacres yihadistas contra los cristianos, hemos visto rostros de hombres, mujeres y niños profundamente consternados
por el miedo y extrañamente tranquilos por la fe.

La vida que se desborda y la vida que se remansa. Los que nos precedieron entregaron su vida por la humanidad. Nosotros los recordamos ahora no para hacerles un homenaje sino para vernos en ese espejo. Ojalá estemos a la altura.