miércoles, 16 de octubre de 2024

La venida de Cristo

 

Es importante que cada época esté cerca del Señor. Que también nosotros mismos, aquí y ahora, estemos bajo el juicio del Señor y nos dejemos juzgar por su tribual. Se discutía sobre una doble venida de Cristo, una en Belén y una al final de los tiempos, hasta que Bernardo de Claraval habló de un Adventus medius, de una venida intermedia, a través de la cual Él siempre entra periódicamente en la historia.

Creo que encontró el tono adecuado. Nosotros no podemos establecer cuándo terminará el mundo. Cristo mismo dice que nadie lo sabe, ni siquiera el Hijo. Debemos, sin embargo, permanecer, por así decir, siempre ante su venida, y sobre todo estar seguros de que, en las penas, Él está cerca. Al mismo tiempo, deberíamos saber que en nuestras acciones estamos bajo su juicio.

Extractos de Luz del mundo, Peter Seewald, en Zenit, 20.XI.2010


Novísimos


 

Es una cuestión muy seria. Nuestra predicación, nuestro anuncio, efectivamente está ampliamente orientado, de modo unilateral, a la creación de un mundo mejor, mientras que el mundo realmente mejor ya casi no se menciona. Aquí debemos hacer un examen de conciencia. Ciertamente, se busca ir al encuentro del auditorio, hablar de aquello que está en su horizonte. Pero nuestra tarea es, al mismo tiempo, traspasar este horizonte, ampliarlo, y mirar a las realidades últimas.

Los novísimos son como pan duro para los hombres de hoy. Les parecen irreales. En su lugar, querrían respuestas concretas para el hoy, soluciones para las tribulaciones cotidianas. Pero son respuestas que se quedan a mitad de camino si no permiten presentir y reconocer que yo me extiendo más allá de esta vida material, que existe el juicio, y que existe la gracia y la eternidad. En este sentido, debemos también encontrar palabras y modos nuevos para permitir al hombre de hoy traspasar la barrera del sonido de lo finito.

Las mujeres

 

La formulación de Juan Pablo II es muy importante: "La Iglesia no tiene, de ningún modo, la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal". No se trata de no querer sino de no poder. El Señor ha dado una forma a la Iglesia con los Doce y luego con su sucesión, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). No hemos sido nosotros quienes creamos esta forma de Iglesia, más bien, se constituye a partir de Él. Seguirla es un acto de obediencia, en la situación actual tal vez uno de los actos de obediencia más gravosos. Pero esto es importante: la Iglesia no muestra ser un régimen del arbitrio. No podemos hacer lo que queremos. Hay, en cambio, una voluntad del Señor para nosotros, a la cual nos atenemos, aunque sea fatigoso y difícil en la cultura y en la civilización de hoy.

Por otro lado, las funciones confiadas a las mujeres en la Iglesia son tan grandes y significativas que no puede hablarse de discriminación. Sería así si el sacerdocio fuese una especie de dominio, mientras que, por el contrario, debe ser completamente servicio. Si se echa una mirada a la historia de la Iglesia, nos damos cuenta de que el significado de las mujeres --desde María a Mónica, hasta la Madre Teresa-- es tan eminente que las mujeres definen de muchas maneras el rostro de la Iglesia más que los hombres.

Cristianismo y modernidad

 

Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, moderno, que atraviesa toda la modernidad, formándola y plasmándola, y por lo tanto, en cierto sentido realmente la abraza.

Aquí se necesita una gran lucha espiritual, como he querido mostrar con la reciente institución de un Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Es importante que tratemos de vivir y concebir el cristianismo de tal modo que asuma la modernidad buena y correcta, y al mismo tiempo se aleje y se distinga de aquella que está convirtiéndose en una contra-religión.

La verdadera intolerancia

 

La verdadera amenaza ante la que nos encontramos es que la tolerancia sea abolida en nombre de la tolerancia misma. Está el peligro de que la razón, la así llamada razón occidental, sostenga haber reconocido finalmente lo que es correcto y avance así en una pretensión de totalidad que es enemiga de la libertad. Considero necesario denunciar con fuerza esta amenaza. Nadie está obligado a ser cristiano. Pero nadie debe ser obligado a vivir según la "nueva religión", como si fuese la única y verdadera, vinculante para toda la humanidad.


viernes, 2 de febrero de 2024

El Espíritu que sopla

Quisiera recordar la motivación fundamental de estas líneas. Al Patio de gentiles se atreve el que indaga con una curiosidad loable, dónde se encuentra la verdad. Alguno lo mueve la simple curiosidad. No tengo objeción que hacer. Pero la mayoría mira con indiferencia este espacio de diálogo porque no es suya la inquietud que como ser humano debiera asumir acerca de la verdad.

Sobre todo en nuestros tiempos, y en nuestra coyuntura, en que el relativismo no solo moral se ha adueñado de la mente y el corazón humanos. No hablo de todos los hombres y mujeres del mundo porque ni puedo ni debo. Pero sí hablo -y muchos estarán de acuerdo conmigo- en que estas características son parte de la contra cultura actual. Buscar el diálogo acerca de esta es, pues, casi una proeza.

En el Evangelio Cristo anuncia que llegaría el día en que lo buscaríamos y no podríamos encontrarlo; previa a esa situación está la otra que, con toda seguridad, la ocasiona: la indiferencia ante Cristo. De tanto negar con la indiferencia vamos llegando a la incapacidad de ver.





Por eso, emociona y de alguna forma desconcierta también, la aparición en las redes de muchachos -católicos y no- que "se atreven" a manifestar sus convicciones espirituales con absoluta naturalidad: hablan de Dios, de Cristo, de la oración, del comportamiento moral que exige la coherencia de vida, etc. Y se trata de adolescentes a quienes seguramente un mínimo de formación doctrinal religiosa les capacita para ello, pero es sobre todo la acción del Espíritu Santo en sus almas la que explica el fenómeno: latinoamericanos, europeos... No hay etnias ni colores. Todos, jóvenes hijos de Dios animando a sus coetáneos a romper con la monotonía de este mundo trivial y soso, porque le falta Dios.

 

lunes, 10 de julio de 2023

Mientras dure el otoño

 



Miscelanea de textos con los que quiero graficar una idea: aprovechar el tiempo que nos queda, sea el que sea, pasa por medir la trascendencia de lo pequeño. Aquí van esos diversos y complementarios textos: 

Las grandes preguntas no se posponen.

Aprovecha este Otoño, que no es solo frio y soledad sino también recurso para renovarte y renovar.

 Una vida sin búsqueda no es digna del hombre, no es digna de ser vivida (Platón, Apología de Sócrates 38ª)

 El hombre vale en la medida en que se sitúa ante su propia materia prima para descubrir allí los anhelos más hondos y reales, a fin de empeñarse en realizarlos. (Robert Cheaib, Más allá de la muerte de Dios, 17)

 De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes. (Camino n. 755)

 ¿Cómo es que hemos dado carta de ciudadanía al oxímoron realidad virtual?

 Con las manos levantadas en señal de adoración y de rendición ante el Moloch televisivo, el hombre contemporáneo sabe todo sobre comidas y sobre vestidos, sobre modas y sobre consumos, pero ya no es capaz de plantearse las preguntas auténticamente “religiosas” que atrapan la conciencia, ya no sabe descubrir el sentido de la vida, las raíces del ser, la senda del bien y del mal, la meta de la existencia. Conoce el precio de todo, pero ignora el verdadero valor de la realidad. (G. Ravasi, Sulle tracce di un incontro, 12)

 Si el hombre -tú, yo- ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo es que conviene que recuerde que es polvo y al polvo volverá? (cfr Génesis 3, 19)

 No solo el hombre, sino la entera creación han sido hechos con la relativa autonomía que les da su común condición de criaturas. Por eso “la ley del karma no es bíblica ni evangélica, simplemente porque niega la autonomía de la creación y la libertad de las criaturas humanas. No todos los males son un castigo divino. El libro de Job muestra lo absurdo e insostenible de la teoría de la retribución”. (R. Cheaib, Más allá de la muerte de Dios, 66)

 Me reía cuando escuchaba a un amigo mío decir: ¿Preguntar es ofender? Han pasado los años y ahora puedo responder: ¡No; no preguntar es ofender a la inteligencia humana que está siempre en busca de la verdad!

Es verdad que fue pecador. -Pero no formes sobre él ese juicio inconmovible. –Ten entrañas de piedad, y no olvides que aún puede ser un Agustín, mientras tu no pasas de mediocre (Camino, 675)

 

Cuando el espíritu cristiano desaparece de un corazón, empieza a haber oscuridad, desorden y capricho; en todo caso, un sentimiento anodino de que todo da igual. Es que han desaparecido la fuerza de la verdad, la claridad del Camino y las exigencias de la vida, porque ha desaparecido Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. No busquen más allá el ó los motivos por los que la sociedad contemporánea y particularmente la civilización occidental está tan perdida. Ha renegado de sus raíces cristianas. No se asusten de que nos reprochen de que nos creemos dueños de la verdad. No lo somos, porque no es posible acaparar a Cristo, que es la Verdad. “Sólo Él salva”, gritaba Juan Pablo II. Y tenía y tiene razón.