La verdadera
amenaza ante la que nos encontramos es que la tolerancia sea abolida en nombre
de la tolerancia misma. Está el peligro de que la razón, la así llamada razón
occidental, sostenga haber reconocido finalmente lo que es correcto y avance
así en una pretensión de totalidad que es enemiga de la libertad. Considero
necesario denunciar con fuerza esta amenaza. Nadie está obligado a ser
cristiano. Pero nadie debe ser obligado a vivir según la "nueva
religión", como si fuese la única y verdadera, vinculante para toda la
humanidad.
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