Ser cristiano es
en sí mismo algo vivo, moderno, que atraviesa toda la modernidad, formándola y
plasmándola, y por lo tanto, en cierto sentido realmente la abraza.
Aquí se necesita
una gran lucha espiritual, como he querido mostrar con la reciente institución
de un Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Es
importante que tratemos de vivir y concebir el cristianismo de tal modo que
asuma la modernidad buena y correcta, y al mismo tiempo se aleje y se distinga
de aquella que está convirtiéndose en una contra-religión.
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