miércoles, 16 de octubre de 2024

Las mujeres

 

La formulación de Juan Pablo II es muy importante: "La Iglesia no tiene, de ningún modo, la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal". No se trata de no querer sino de no poder. El Señor ha dado una forma a la Iglesia con los Doce y luego con su sucesión, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). No hemos sido nosotros quienes creamos esta forma de Iglesia, más bien, se constituye a partir de Él. Seguirla es un acto de obediencia, en la situación actual tal vez uno de los actos de obediencia más gravosos. Pero esto es importante: la Iglesia no muestra ser un régimen del arbitrio. No podemos hacer lo que queremos. Hay, en cambio, una voluntad del Señor para nosotros, a la cual nos atenemos, aunque sea fatigoso y difícil en la cultura y en la civilización de hoy.

Por otro lado, las funciones confiadas a las mujeres en la Iglesia son tan grandes y significativas que no puede hablarse de discriminación. Sería así si el sacerdocio fuese una especie de dominio, mientras que, por el contrario, debe ser completamente servicio. Si se echa una mirada a la historia de la Iglesia, nos damos cuenta de que el significado de las mujeres --desde María a Mónica, hasta la Madre Teresa-- es tan eminente que las mujeres definen de muchas maneras el rostro de la Iglesia más que los hombres.

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