miércoles, 16 de octubre de 2024

La venida de Cristo

 

Es importante que cada época esté cerca del Señor. Que también nosotros mismos, aquí y ahora, estemos bajo el juicio del Señor y nos dejemos juzgar por su tribual. Se discutía sobre una doble venida de Cristo, una en Belén y una al final de los tiempos, hasta que Bernardo de Claraval habló de un Adventus medius, de una venida intermedia, a través de la cual Él siempre entra periódicamente en la historia.

Creo que encontró el tono adecuado. Nosotros no podemos establecer cuándo terminará el mundo. Cristo mismo dice que nadie lo sabe, ni siquiera el Hijo. Debemos, sin embargo, permanecer, por así decir, siempre ante su venida, y sobre todo estar seguros de que, en las penas, Él está cerca. Al mismo tiempo, deberíamos saber que en nuestras acciones estamos bajo su juicio.

Extractos de Luz del mundo, Peter Seewald, en Zenit, 20.XI.2010


Novísimos


 

Es una cuestión muy seria. Nuestra predicación, nuestro anuncio, efectivamente está ampliamente orientado, de modo unilateral, a la creación de un mundo mejor, mientras que el mundo realmente mejor ya casi no se menciona. Aquí debemos hacer un examen de conciencia. Ciertamente, se busca ir al encuentro del auditorio, hablar de aquello que está en su horizonte. Pero nuestra tarea es, al mismo tiempo, traspasar este horizonte, ampliarlo, y mirar a las realidades últimas.

Los novísimos son como pan duro para los hombres de hoy. Les parecen irreales. En su lugar, querrían respuestas concretas para el hoy, soluciones para las tribulaciones cotidianas. Pero son respuestas que se quedan a mitad de camino si no permiten presentir y reconocer que yo me extiendo más allá de esta vida material, que existe el juicio, y que existe la gracia y la eternidad. En este sentido, debemos también encontrar palabras y modos nuevos para permitir al hombre de hoy traspasar la barrera del sonido de lo finito.

Las mujeres

 

La formulación de Juan Pablo II es muy importante: "La Iglesia no tiene, de ningún modo, la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal". No se trata de no querer sino de no poder. El Señor ha dado una forma a la Iglesia con los Doce y luego con su sucesión, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). No hemos sido nosotros quienes creamos esta forma de Iglesia, más bien, se constituye a partir de Él. Seguirla es un acto de obediencia, en la situación actual tal vez uno de los actos de obediencia más gravosos. Pero esto es importante: la Iglesia no muestra ser un régimen del arbitrio. No podemos hacer lo que queremos. Hay, en cambio, una voluntad del Señor para nosotros, a la cual nos atenemos, aunque sea fatigoso y difícil en la cultura y en la civilización de hoy.

Por otro lado, las funciones confiadas a las mujeres en la Iglesia son tan grandes y significativas que no puede hablarse de discriminación. Sería así si el sacerdocio fuese una especie de dominio, mientras que, por el contrario, debe ser completamente servicio. Si se echa una mirada a la historia de la Iglesia, nos damos cuenta de que el significado de las mujeres --desde María a Mónica, hasta la Madre Teresa-- es tan eminente que las mujeres definen de muchas maneras el rostro de la Iglesia más que los hombres.

Cristianismo y modernidad

 

Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, moderno, que atraviesa toda la modernidad, formándola y plasmándola, y por lo tanto, en cierto sentido realmente la abraza.

Aquí se necesita una gran lucha espiritual, como he querido mostrar con la reciente institución de un Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Es importante que tratemos de vivir y concebir el cristianismo de tal modo que asuma la modernidad buena y correcta, y al mismo tiempo se aleje y se distinga de aquella que está convirtiéndose en una contra-religión.

La verdadera intolerancia

 

La verdadera amenaza ante la que nos encontramos es que la tolerancia sea abolida en nombre de la tolerancia misma. Está el peligro de que la razón, la así llamada razón occidental, sostenga haber reconocido finalmente lo que es correcto y avance así en una pretensión de totalidad que es enemiga de la libertad. Considero necesario denunciar con fuerza esta amenaza. Nadie está obligado a ser cristiano. Pero nadie debe ser obligado a vivir según la "nueva religión", como si fuese la única y verdadera, vinculante para toda la humanidad.


viernes, 2 de febrero de 2024

El Espíritu que sopla

Quisiera recordar la motivación fundamental de estas líneas. Al Patio de gentiles se atreve el que indaga con una curiosidad loable, dónde se encuentra la verdad. Alguno lo mueve la simple curiosidad. No tengo objeción que hacer. Pero la mayoría mira con indiferencia este espacio de diálogo porque no es suya la inquietud que como ser humano debiera asumir acerca de la verdad.

Sobre todo en nuestros tiempos, y en nuestra coyuntura, en que el relativismo no solo moral se ha adueñado de la mente y el corazón humanos. No hablo de todos los hombres y mujeres del mundo porque ni puedo ni debo. Pero sí hablo -y muchos estarán de acuerdo conmigo- en que estas características son parte de la contra cultura actual. Buscar el diálogo acerca de esta es, pues, casi una proeza.

En el Evangelio Cristo anuncia que llegaría el día en que lo buscaríamos y no podríamos encontrarlo; previa a esa situación está la otra que, con toda seguridad, la ocasiona: la indiferencia ante Cristo. De tanto negar con la indiferencia vamos llegando a la incapacidad de ver.





Por eso, emociona y de alguna forma desconcierta también, la aparición en las redes de muchachos -católicos y no- que "se atreven" a manifestar sus convicciones espirituales con absoluta naturalidad: hablan de Dios, de Cristo, de la oración, del comportamiento moral que exige la coherencia de vida, etc. Y se trata de adolescentes a quienes seguramente un mínimo de formación doctrinal religiosa les capacita para ello, pero es sobre todo la acción del Espíritu Santo en sus almas la que explica el fenómeno: latinoamericanos, europeos... No hay etnias ni colores. Todos, jóvenes hijos de Dios animando a sus coetáneos a romper con la monotonía de este mundo trivial y soso, porque le falta Dios.

 

lunes, 10 de julio de 2023

Mientras dure el otoño

 



Miscelanea de textos con los que quiero graficar una idea: aprovechar el tiempo que nos queda, sea el que sea, pasa por medir la trascendencia de lo pequeño. Aquí van esos diversos y complementarios textos: 

Las grandes preguntas no se posponen.

Aprovecha este Otoño, que no es solo frio y soledad sino también recurso para renovarte y renovar.

 Una vida sin búsqueda no es digna del hombre, no es digna de ser vivida (Platón, Apología de Sócrates 38ª)

 El hombre vale en la medida en que se sitúa ante su propia materia prima para descubrir allí los anhelos más hondos y reales, a fin de empeñarse en realizarlos. (Robert Cheaib, Más allá de la muerte de Dios, 17)

 De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes. (Camino n. 755)

 ¿Cómo es que hemos dado carta de ciudadanía al oxímoron realidad virtual?

 Con las manos levantadas en señal de adoración y de rendición ante el Moloch televisivo, el hombre contemporáneo sabe todo sobre comidas y sobre vestidos, sobre modas y sobre consumos, pero ya no es capaz de plantearse las preguntas auténticamente “religiosas” que atrapan la conciencia, ya no sabe descubrir el sentido de la vida, las raíces del ser, la senda del bien y del mal, la meta de la existencia. Conoce el precio de todo, pero ignora el verdadero valor de la realidad. (G. Ravasi, Sulle tracce di un incontro, 12)

 Si el hombre -tú, yo- ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo es que conviene que recuerde que es polvo y al polvo volverá? (cfr Génesis 3, 19)

 No solo el hombre, sino la entera creación han sido hechos con la relativa autonomía que les da su común condición de criaturas. Por eso “la ley del karma no es bíblica ni evangélica, simplemente porque niega la autonomía de la creación y la libertad de las criaturas humanas. No todos los males son un castigo divino. El libro de Job muestra lo absurdo e insostenible de la teoría de la retribución”. (R. Cheaib, Más allá de la muerte de Dios, 66)

 Me reía cuando escuchaba a un amigo mío decir: ¿Preguntar es ofender? Han pasado los años y ahora puedo responder: ¡No; no preguntar es ofender a la inteligencia humana que está siempre en busca de la verdad!

Es verdad que fue pecador. -Pero no formes sobre él ese juicio inconmovible. –Ten entrañas de piedad, y no olvides que aún puede ser un Agustín, mientras tu no pasas de mediocre (Camino, 675)

 

Cuando el espíritu cristiano desaparece de un corazón, empieza a haber oscuridad, desorden y capricho; en todo caso, un sentimiento anodino de que todo da igual. Es que han desaparecido la fuerza de la verdad, la claridad del Camino y las exigencias de la vida, porque ha desaparecido Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. No busquen más allá el ó los motivos por los que la sociedad contemporánea y particularmente la civilización occidental está tan perdida. Ha renegado de sus raíces cristianas. No se asusten de que nos reprochen de que nos creemos dueños de la verdad. No lo somos, porque no es posible acaparar a Cristo, que es la Verdad. “Sólo Él salva”, gritaba Juan Pablo II. Y tenía y tiene razón.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Crisis de paternidad

 "La paternidad humana puede dar una idea de lo que él (Dios) es. Pero donde ya no hay paternidad, donde ya no se siente la paternidad humana, ni como fenómeno puramente biológico, ni mucho menos como fenómeno humano y espiritual, también resulta vacío lo que diga Dios como Padre. Donde desaparece la paternidad humana, tampoco se puede pensar en Dios ni hablar de Él. No es Dios el que está muerto; es el presupuesto para que Dios viva en el mundo lo que ha ido muriendo cada vez más en el hombre. La crisis de paternidad que vivimos forma parte de la crisis de la humanidad que nos amenaza. Donde quiera que la paternidad se muestre solo como accidente biológico, que no reclama al hombre, o bien como tiranía que hay que sacudir, allí se ha producido una lesión en la constitución básica del ser humano. Para la integridad del ser humano se precisa del padre en el verdadero sentido en que se ha manifestado por la fe: como responsabilidad para el otro". Joseph Ratzinger, El Dios de los cristianos, p. 632



domingo, 7 de febrero de 2021

El triunfo de la cruz

 "La crisis de nuestro tiempo depende principalmente del hecho de que se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es. Un hombre que sea privado de toda fatiga y transportado a la tierra prometida de sus sueños, pierde su autenticidad y su mismidad. El realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos del mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre"


Joseph Ratzinger: Por qué permanezco en la Iglesia, p. 615

lunes, 1 de febrero de 2021

Fe y Futuro

 

            El siguiente es un texto de Joseph Ratzinger acerca del anclaje de la fe como disposición de la                inteligencia y la filosofía como disciplina común del pensamiento. En el actual panorama de la              


cultura parece que cada vez menos se facilita pensar la fe, necesidad de una antropología                        cristiana, para la cual la libertad es un imperativo para una visión de fe.

 

“El dilema en que hoy se encuentra la fe cristiana tiene múltiples motivos. Pero uno de los más importantes consiste en que la fe se encuentra abandonada por la filosofía y por eso se ve repentinamente, por así decirlo, colgada en el vacío. En la antigüedad y en la edad media la fe se facilitaba al hombre porque la filosofía le ofrecía una imagen del mundo en que esta fe podía ocupar su puesto con todo sentido. Incluso en la incipiente edad moderna la filosofía creó una especie de campo de tránsito entre las ciencias exactas, en las que, por método, Dios ha de ser puesto entre paréntesis, y el auténtico ámbito de la fe. A pesar de determinadas diferencias, había aún un material básico para una metafísica común, casi universalmente reconocida, que hablaba de Dios como creador de todas las cosas, como el fundamento intelectual y planificador del universo y así aseguraba en el pensamiento una base adecuada a la concepción de un Dios que habla y se revela.

            A partir de Kant esta nueva unidad del pensamiento filosofante se ha resquebrajado cada vez más, y, antes que nada, ha desaparecido casi totalmente la confiada certeza de que el hombre pudiese, de una forma fundadamente convincente, tantear tras los dominios de la física en busca del ser de las cosas y de su fundamento. Naturalmente, hubo y hay siempre, antes como ahora, pensadores que consideran posible tal metafísica, que frente a Kant y sus sucesores, quieren garantizarle un espacio en la conciencia humana. Pero hay algo que incluso estos pensadores no pueden ya anular: sus puntos de vista ya no son sencillamente “la filosofía” que todo el mundo acepta como tal, y que se puede presuponer por tanto para todo lo ulterior; de hecho, su pensamiento ofrece una filosofía junto a otras filosofías, y esto la desvaloriza considerablemente para quien busca ahí su apoyo. Incluso donde se prosigue la metafísica, no se puede restablecer la situación de otro tiempo. Ya no se da una filosofía sino sólo filosofías. Y así, la aceptación de una sola filosofía ya no es un consentimiento que sea posesión general del espíritu humano, sino que es una opción; opción que se puede fundamentar, pero que toma posición frente a otras situaciones igualmente fundables. Por tanto, la fe ya no puede anclarse fija y seguramente en ninguna parte dentro del ámbito del pensamiento humano; si hace tal intento, se agarra al vacío”. Joseph Ratzinger, Fe y futuro, p. 506

miércoles, 17 de junio de 2020

Lo que dice la Academia II

Opinión de un académico. La Academia siempre da luces.


"El proyecto de la ideología de género consistiría en último término, en realizar una reingeniería social para modificar la naturaleza humana, estableciendo un totalitarismo de control total de la sociedad; en ese sentido es más ambicioso que el nazismo y el comunismo. La estrategia consiste que los grupos activistas liderados por la Onu y sus organismos, amparados bajo un gran poder económico y mediático, movilizan grupos sociales (como por ejemplo los movimientos feministas y homosexuales) con fines políticos para tomar organismos claves del poder estatal, para desde allí llevar a cabo una reingeniería social, por ejemplo, en Educación se impone el currículo de género), en el Poder Judicial se promulgan leyes absurdamente jurídicas como los delitos de odio, delito de feminicidio, matrimonio igualitario, el aborto como un derecho etc., en la Academia fomentar el lenguaje inclusivo, en Salud establece el aborto como una política de salud reproductiva), etc.

Por otro lado, si el enfoque o perspectiva de género es efectivamente una ideología política, ¿qué hacemos entonces con todos los “departamentos”, “oficinas”, “cátedras”, “programas”, “talleres”, “seminarios”, “congresos”, “licenciaturas y posgrados”, “ministerios”, etc. que se crean con el cuento del género”? En suma, ¿Qué hacemos con la inmensa burocracia que se ha creado en torno al enfoque de género? Pues nada; entonces se produce un círculo vicioso: los activistas de género necesitan de la burocracia para realizar su proyecto de reingeniería social, y, por otro lado, la burocracia necesita del proyecto de género para seguir viviendo parasitariamente de los impuestos de los ciudadanos.

Lo cierto, es que la ideología de género no ha traído liberación en los países donde se viene aplicando desde hace 15 años, sino prohibición, violencia familiar, burocracia estatal, perdida de la libertad de conciencia, porque el estado pretenderá regular cómo pensar y cómo no pensar, cómo hablar y cómo no hablar. (EMH)".

Dejo al lector la decisión de adscribir o no a la posición del académico.

miércoles, 27 de mayo de 2020

La Pietá




“Me gustaría invitaros a acompañarme en una visita espiritual al fondo de la basílica romana de San Pedro. Acerquémonos a la hermosa imagen de la Pietá de Miguel Ángel. Contemplemos a esa madre que sostiene en sus brazos el cuerpo de su hijo torturado, humillado, cubierto de escupitajos y con las huellas de los latigazos. Tiene las manos traspasadas y la frente desgarrada por la corona de espinas. Y, aun así, la madre sujeta el cuerpo de su hijo con enorme dulzura y una delicadeza infinita. Su rostro de joven madre habla a la vez de recogimiento, de dolor y de serenidad. Llora sin comprender a ese hijo tan hermoso y a la vez tan ultrajado, a ese hijo que es su Dios. Sepamos reconocer, como María, el rostro de Cristo detrás del rostro manchado de la Iglesia. Ni nuestros pecados, ni nuestras traiciones, ni nuestra tibieza, ni nuestras infidelidades podrán desfigurar a la Iglesia, que sigue siendo hermosa, con la hermosura de los santos. Sigue siendo joven, con la juventud de Dios. Sepamos amar a la Iglesia, posar sobre ella la mirada de fe que posó María sobre Jesús, muerto, entre sus brazos. Sepamos llorar por la Iglesia, sepamos sufrir por la Iglesia si es necesario, pero tratémosla siempre con la delicadeza llena de amor y plenamente mariana que tan bien refleja el mármol de Miguel Ángel” (Se hace tarde y anoche, Card. Sarah, pp. 85-86)

lunes, 6 de enero de 2020

Renovar la intención

No es posible prometer perseverancia a los objetivos culturales que nos trazamos.  A lo sumo, se puede intentar vivirla. Tres años casi sin venir a este Patio. A pesar e su interés; a pesar de su cercanía; a pesar de mi propósito. Pero aquí estoy. Reconociendo que aunque no me espera nadie, sucede los mismo con los actores, los titiriteros, los saltimbanquis...todos aquellos que, en general, pretenden animar la vida del espíritu propiciando diálogos de diversa naturaleza, invitando a la comunicación. No se nos espera pero se nos acoge con interés. Y si tenemos suerte, hasta se nos aplaude. No siendo eso lo que buscamos, sentimos que es una primera manifestación de complicidad. Después vendrán los cambios de opinión, los debates, los distanciamientos o acercamientos. La vida del espíritu en su versión más genuina... Este Patio está concebido para pensar y hacer pensar. Necesitamos encontrarnos más que con ideas a debatir, con deseos de aprender.

viernes, 31 de marzo de 2017

Por encima de sus miserias




Hablar o pensar en la Iglesia Católica requiere una posición. Un mismo objeto puede ser observado de diferentes ángulos, sin dejar de ser lo que es. En el orden intelectual propiamente dicho sucede otro tanto. Los objetos muestran ante la inteligencia que los observa dimensiones diversas. Al mismo tiempo, el sujeto que los observa pone también su cuota de subjetividad y hasta puede transformar el objeto en algo muy distinto de lo que es en la realidad.
Por eso, hablar de la Iglesia Católica supone recordar unos supuestos básicos para tenerlos en cuenta al referirse a la Iglesia-objeto de observación. En primer lugar, se trata de una realidad sobrenatural, es decir que no es una mera institución natural creada u organizada por unos hombres con unos fines intramundanos. Es -se presenta de este modo a sí misma- una institución de origen divino (su Fundador es Dios en persona) y con unos fines que concluyen en la intemporalidad: santidad, unidad, universalidad, jerarquización. Acogerse a este principio supone tener fe.
En segundo lugar y de acuerdo a ese primer  principio, los miembros que la componen en cada época histórica no la representan en sentido estricto ya que aún no realizan en su vida personal esos fines de modo pleno (y  a veces ni siquiera los buscan): son individuos llenos de imperfecciones humanas (tanto y a veces más de los que no pertenecen a ella); dados al ordinario deporte del egoísmo y por tanto, de la pendencia -violenta o no-, la búsqueda de diferencias y divisiones entre sí; la singularización e incluso la tendencia al chauvinismo más rastrero; y por supuesto, la negación del principio de autoridad. Unos sujetos de esta ralea, ¿cómo pretender que representen un colectivo que desea ir en busca de la santidad, la unidad, la universalidad y el sentido de jerarquía?
Los hechos de la Historia han ido demostrando permanentemente lo contrario: esos individuos han solido representarse a sí mismos. Desde el más encumbrado hasta el más inferior (porque desde una perspectiva exclusivamente organizacional, en la Iglesia hay altos y bajos) han actuado contradiciendo los principios a los que han adherido desde el hecho inicial de su Bautismo. Los hay ladrones, perjuros, coimeros, lujuriosos, encizañadores, irresponsables, etc.
Bueno es reconocer que algunos se portan a  lo largo de toda su existencia de tal manera que no cabe otra cosa que singularizarlos y ponerlos de ejemplo para los demás. Al estudiar esas vidas caemos en la cuenta, sin embargo que por propia confesión casi nada de lo bueno que puede achacárseles ha sido enteramente suyo. Si no fuera por la acción de Dios en sus vidas, habrían quedado tan mal parados como el resto. Son los santos canonizados. Alguno a lo largo de la historia se coló e incluso ni siquiera existió; pero la casi totalidad son verificables. Un auténtico misterio si consideramos la situación de la mayoría de los que se dicen miembros de la Iglesia. Aceptar este segundo principio supone un realismo a prueba de fuego.
Con esas dos premisas es posible distinguir entre la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica; y la casi totalidad de sus miembros que no parecen dispuestos a buscar poner en acto estas realidades en sus vidas.
¿Se extraña usted de que el político que es bien poco claro en sus ideas y en su conducta personal diga que es católico? ¿Le escandaliza que sus vecinos tengan la costumbre de ir a Misa los domingos y en cada casa del vecindario haya un verdadero caos: insultos, rebeldías de los hijos, deserciones de los padres, mañas de todo tipo? Sin irse por la tangente invocando sucesos históricos que no ha vivido, ¿señala a personajes vivos -miembros conspicuos de la Iglesia- como corruptos,  miserables, etc.?
Me parece que aún no está usted preparado para conocer realidades de fe que, aquí en la tierra, tienen naturalmente una base humana endeble. Pero, ¿qué se creía, que aquí en la tierra viven ángeles? Si acaso, hombres que tomándose en serio las convicciones a las que han adscrito, se esfuerzan por no desmerecer. Pero nada más. Es la Gracia de Dios la que hace lo suyo. Sin esa fuerza que Dios imprime a los que desean hacer el Bien (no cualquier bien, sino la santidad), el hombre no es capaz de sobresalir.

Ahora bien; justo es reconocer que la mirada subjetiva también pone lo suyo: solo al final sabremos toda la verdad. Mientras tanto, todos estamos tentados a juzgar como mezquino lo que no nos satisface plenamente; como malo lo que es contrario  a nuestros intereses; como enemigo al que no se pone a nuestro lado. Por eso, al hablar -o pensar- en la Iglesia Católica recuerde primero que debe preguntarse: ¿puedo yo tener una mirada de fe sobre la realidad?; ¿puedo esforzarme en ser objetivo y realista evitando juicios precipitados? No es fácil pasar la valla.
En todo caso, este ha sido un ejercicio de sentido común a fin de poner en su sitio determinados planteamientos que están muy lejos de esa objetividad y por supuesto, de esa mirada de fe con la que la Iglesia debe ser vista.
Queda claro que la misma Iglesia en cada época histórica hace el esfuerzo por verse a sí misma con humildad a fin de tener una visión de sí misma que esté por encima de sus miserias. Sólo Dios es Santo y santifica. La Iglesia Católica ha recibido los medios con los que pelearla: sacramentos, vida moral de seguimiento de Cristo, humildad para entregar a los hombres cosas santas, una doctrina intelectual y moral;  que no son de la propia hechura porque son de Dios, y que por eso mismo hay que defender y anunciar aunque a veces lo hagamos con todos los “recursos” de nuestra ineficacia.


jueves, 30 de junio de 2016

Con sabor de dos milenios

Acabamos de recordar a los que iniciaron la gesta. Gente como nosotros. También como nosotros, deseosa de vivir. Pero más deseosa aún de continuarse. Entendían que trascenderse no tiene nada que ver con la propia gloria sino con el bienestar general de la humanidad. Bienestar.
Al recordar a los primeros mártires de la iglesia de Roma hemos ido con la imaginación al Coliseo. Hemos escuchado el rugido, no de la fieras sino de las gentes que pedían su muerte. Hemos contemplado su serenidad incomprensible. Como en las últimas fotografías de las masacres yihadistas contra los cristianos, hemos visto rostros de hombres, mujeres y niños profundamente consternados
por el miedo y extrañamente tranquilos por la fe.

La vida que se desborda y la vida que se remansa. Los que nos precedieron entregaron su vida por la humanidad. Nosotros los recordamos ahora no para hacerles un homenaje sino para vernos en ese espejo. Ojalá estemos a la altura.

jueves, 16 de julio de 2015

Un mundo multicolor

Desde la perspectiva de la fe, el mundo de hoy es un mundo multicolor. La cantidad de la información que se ofrece a los lectores y consumidores de medios es tal que difícilmente puede ser absorbida por una inteligencia corriente. Esta saturación tiene también sus consecuencias en el ámbito más personal de la fe. El relativismo del que ha impregnado toda la cultura (la popular, la clásica, la intelectual, la artística) ha terminado por hacer que la fe sea un artículo de lujo.

Quien tiene una fe definida podría muy bien ser ahora un revolucionario; pero las cosas van por otro sitio. Las minorías han consolidado su puesto social y ahora ser mayoría numérica no sirve ni para el voto ciudadano en unas elecciones políticas. Hay que ser minoría. Tal vez es una forma de revancha social y cultural, a la que se ha añadido la sinrazón del que no quiere dialogar porque quiere tenerlo ya todo ganado. Pero una cosa es querer y otra cosas es ser. Ser ganador exige haber ganado. Los que ahora se muestran intransigentes e intolerantes con los que tienen fe deberán caer en la cuenta en algún momento de que una sosa es desear tener la razón y otra muy distinta es tenerla.

Para tenerla en esta caso hay que usar de la violencia. Siempre fue así. Los mongoles, los vikingos, los celtas, los incas...y un largo etcétera, para triunfar debieron vencer violentamente. Y al final la historia no les dio la razón. Parecía que triunfaban pero solo avasallaban. La intolerancia de los que proponen la cultura de la muerte (la ideología de género, la anti vida, la descomposición social anti familia, el laicismo, la teoría del nuevo orden mundial) no tiene salida real.

Pero para que la haya es necesario que quienes tienen fe la peleen. La impasibilidad, que puede demostrar el error de que basta con tener la razón; el conformismo con la situación de hecho no conseguirá nunca que se llegue a la cultura de la vida y a la civilización del amor. Con el ISIS a las puertas será, además, ya más difícil.


miércoles, 27 de mayo de 2015

Para tí

Una breve sugerencia: entrar a descargalibrosgratis.eu  Si ya lo conoces, fantástico; sino, prueba.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hijo de Dios

Nunca hubo nada más espectacular que la afirmación cristiana de que una Persona divina -el Verbo- se hiciera hombre. La dificultad para el entendimiento no está en que Dios pueda o no: para Dios todo es posible.La dificultad está en que no resulta sencillo admitir esa cercanía. La fe supera esa barrera, aunque no la elimina. Por eso, llegada la Navidad todo el mundo siente nostalgia de algo: los creyentes, de ese Jesús que en el Cielo está de otra forma también ya en la tierra; los no creyentes, de esa fe que los haría capaces de "ver a Dios en todas las cosas, impelidos por el Amor y con la firme Esperanza de contemplarle un día cara a cara en el cielo" (Beato Álvaro del Portillo). Feliz Navidad.

viernes, 18 de abril de 2014

Viernes Santo

Unas largas palabras de consuelo para este Viernes Santo, tomadas del clásico Josef Holzner. He aqui unos párrafos de su "San Pablo": "En la Carta a los Colosenses (1, 20), Pablo indica de una manera enigmática que Cristo en toda la creación y también en el mundo de los espíritus ha llevado a cabo una obra de reconciliación. Es una "imagen llena de tristeza y poesía" la que el Apóstol describe cuando dice que escucha el gemido que brota de la creación, igual que los dolores de una parturienta, y oye un suspiro del anhelo de la glorificación. La historia de la humanidad y de la creación es un misterio, y por sí solo no se puede aclarar. No existe ningún sentido inmanente de la historia, como el panteísmo enseña. Considerada en sí misma es un monstruo cruel, una esfinge, cuyo enigma trata la humanidad de descifrar desde los tiempos de Job. Ni siquiera la redención y la revelación han levantado este velo que oculta el destino. Al contrario, nos ha abierto los ojos para mostrarnos los abismos sobre los cuales discurre nuestra vida. Pero al mismo tiempo nos ha dado la seguridad del espíritu, de que todas las actuales disonancias encontrarán algún día una solución. Si Virgilio escuchó el llanto de las cosas inanimadas: "sunt lacrimae rerum", el Apóstol ve las manos suplicantes de las criaturas levantadas hacia el creador para que sean liberadas del servicio de la  maldad, de la  "esclavitud de la corrupción" (...) Además de esta muda oración de las criaturas, hay otra a la cual el Dios fiel dará respuesta el día en que "se manifieste la gloria de los hijos de Dios". Es la oración mística del Espíritu Santo, que en inefables suspiros habla en nuestro corazón (...) Es, además, la plegaria colectiva de toda la cristiandad en toda la redondez de la tierra. La Iglesia ha recibido "las primicias del espíritu". Pero "la primera espiga no es todavía la cosecha". Estamos todavía en el seno de la Iglesia tal como está el no nacido en el vientre de su madre. "Todavía no ha aparecido lo que llegaremos a ser". La mirada llena de esperanza está dirigida a aquel lejano estado, en el cual toda "la creación, que aún suspira y está postrada en dolores, será redimida juntamente con nosotros y gozará de la espléndida libertad de los hijos de Dios, como exclama Schlegel, inspirándose en el Apóstol: Un llanto general corre por todas las venas de la naturaleza, hasta los confines en que brillan silenciosas las estrellas. Con ansias mortales, la criatura pugna y se debate por lograr su glorificación, cuando haya sido acrisolada por completo.
Holzner, J. San Pablo,  Herder86, p. 364

martes, 19 de noviembre de 2013

Cristo y Mahoma

Poderosos puntos de encuentro con nuestros hermanos seguidores de Mahoma. En su libro "Encontré a Cristo en el Corán", recientemente publicado en español, Mario Joseph, que fue imán musulmán en la India y hoy es católico, explica, precisamente, lo que dice el título: las referencias a Cristo en el Corán le llevaron al cristianismo.
Eso complicó mucho su vida con persecuciones, incomprensiones y rechazos, que él acepta, dice, porque también Cristo las vivió, previno sobre ellas y deben verse como parte de la vida cristiana.

Una de cada cinco personas sobre la tierra, si conoce algo de Jesús, es a través del Islam y del Corán. Los musulmanes, incluso los poco letrados, creen conocer a Jesús bastante, lo tienen integrado en su cosmovisión, como un profeta más. Que el Corán no lleve a más musulmanes al cristianismo se debe a que muchos musulmanes no conocen con detalle el Corán y no hacen preguntas incómodas sobre él. El musulmán de a pie conoce y profesa que Jesús, según el Corán, fue un gran profeta antes que Mahoma, que Dios lo engendró milagrosamente en María sin concurso de varón, que hizo milagros, etc... Joseph y otros investigadores van más allá. En concreto dicen:
1) El Corán reconoce que Jesús nace de una mujer virgen, pero que Mahoma no (la tradición islámica conoce bien a los padres de Mahoma, Abdulá y Amina).

2) El Corán reconoce que Jesús no pecó, no tenía pecado en él, mientras que recoge que Mahoma sí era pecador
3) En el Corán, Jesús es llamado el "Mesías", es decir, el Ungido, un título muy elevado que Mahoma no recibe.

4) En el Corán Jesús es llamado "la Palabra de Dios", un título poderoso y elevado, que Mahoma no recibe

5) En el Corán se declara varias veces que Jesús hacía milagros, mientras que en este libro Mahoma no los hace

6) Jesús en el Corán es ascendido al Cielo con su cuerpo; cosa que el Corán no recoge acerca de Mahoma.
 
Tomado de: religionenlibertad.com